domingo, 24 de julio de 2016

NUESTRA FLORA INTESTINAL DEPENDE DE CÓMO NACEMOS Y DE LO QUE COMEMOS DE BEBÉS

Los niños nacidos por cesáreas presentan bacterias muy diferentes a las de sus madres, justo lo contrario que los nacidos por vía vaginal. La lactancia materna también es determinante

La composición de la microbiota es diferente a lo largo de los 12 primeros meses si el bebé nace de parto vaginal y es amantado, si se le alimenta con biberón o si nace por cesárea - Bäckhed et al./Cell Host & Microbe 2015
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PUBLICADO EN ABC.ES R. I.@abc_salud - Madrid - Actualizado: Guardado en: Salud

La forma en la que nacemos o cómo nos alimentamos durante los primeros años de vida va a determinar nuestro microbioma, es decir, las bacterias que van a convivir con nosotros. Lo acaba de comprobar una investigación que se publica en «Cell Host & Microbe's» tras un análisis de las muestras de heces de 98 bebés suecos durante su primer año de vida. Por ejemplo,los niños nacidos por cesárea tenían bacterias intestinales menos parecidas a las de sus madres que aquellos nacidos por vía vaginal.
El trabajo también ha visto que las decisiones en la alimentación, pecho o biberón, son claves en el microbioma intestinal infantil. «Nuestros resultados muestran que el cese de la lactancia materna, en lugar de la introducción de alimentos sólidos, es el factor principal en el desarrollo de una microbiota similar a la de un adulto», señala Fredrik Bäckhed de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). «Sin embargo, el efecto de su alteración precoz sobre la salud y la enfermedad en la adolescencia y la edad adulta está por demostrar».
Se sabe que las bacterias intestinales son una fuente de nutrientes y vitaminas para un niño durante su crecimiento. Nuestros ‘inquilinos intestinales’ son capaces de interactuar con los procesos celulares normales. Por ello, los investigadores trabajan en comprender el papel de los microbios intestinales en el metabolismo, la inmunidad e incluso en el comportamiento.

Colonizadores intestinales

Este nuevo estudio, dirigido por Bäckhed y Jovanna Dahlgren en laUniversidad de Gotemburgo y Wang Jun, del Instituto de Genómica de Beijing-Shenzhen (China), apoya observaciones anteriores que aseguran que los colonizadores bacterianos más iniciales se derivan de la madre. Los investigadores han visto ahora que aunque los bebés nacidos mediante cesárea reciben menos microbios de su madre, todavía son capaces transmitirlos a través de la piel y la boca.
Además han comprobado que una vez que la bacteria se afianza en el intestino de un bebé, sus poblaciones cambian dependiendo de lo que éste come. Por este motivo los investigadores creen que el cese de la lactancia materna es un momento clave en el desarrollo del microbioma ya queciertos tipos de bacterias prosperan en los nutrientes que la leche materna proporciona. Una vez que ya no están disponibles, emergen otras bacterias, que son más comunes en los adultos.
«Los resultados subrayan el papel de la lactancia materna en la formación y la sucesión de las comunidades microbianas del intestino durante el primer año de vida», escriben. «La microbiota intestinal de los niños que ya no eran amamantados se enriqueció en especies pertenecientes a clostridios, frecuentes en los adultos. Por el contrario, bacterias como Bifidobacterium y Lactobacillus todavía dominaban la microbiota intestinal de los lactantes alimentados con leche materna».

jueves, 21 de julio de 2016

Documental "CAMBIANDO LA FORMA DE NACER, TRAS LA EVIDENCIA CIENTÍFICA"



Para el 17º Día Mundial de los Derechos del Nacimiento
20 mayo 2016

“CUIDANDO EL PARTO PARA UN MEJOR NACIMIENTO”

Hablar del parto es un tema delicado porque la mayoría de las mujeres hemos pasado por esta extraordinaria y única experiencia, y cada una la hemos vivido de una manera diferente. Otras pasarán por ella y posiblemente tengan ya una idea formada de cómo les gustaría que fuera. La realidad nos muestra que muy pocas veces tenemos el parto con el que habíamos soñado.

Y esto no debería significar que sea una experiencia negativa, sino simplemente diferente a lo que habíamos imaginado. Sin embargo, muchas mujeres sentimos que “nos hemos perdido” algo importante, algo irrepetible y que ya no volverá jamás. Peor aún es cuando sentimos que ese momento tan especial “nos lo robaron” en contra de nuestra voluntad. Es un dolor con el cual convivimos y que el paso del tiempo logra mitigar, pero no eliminar.

Esta sensación de habernos sido arrebatado lo más vital de un momento tan sagrado viene dada por una confrontación entre lo que nos pide nuestro instinto, nuestro cuerpo, nuestro amor por el bebé… y las decisiones tomadas por terceras personas “desde fuera”. Decisiones que aceptamos convencidas de que son por nuestro bien, otras veces son decisiones de las cuales in siquiera somos conscientes ya que no siempre se cuenta con la mujer en todo el proceso del parto. Pero, ¡un momento! ¡Es la mujer la que pare! Los demás están para acompañarla desde la comprensión y el respeto, y ayudarla cuando sea necesario.

La ciencia está para ayudarnos. Y gracias a los avances científicos, muchos niños sobreviven, muchas madres también. Pero hemos incorporado la ciencia hasta tal grado en nuestra vida, que apenas existen ya procesos realmente naturales, como debería ser el parto.

Cuando en los años cuarenta los hombres ocuparon el lugar de las mujeres que atendían los partos y éstos dejaron de tener lugar en el hogar para hacerlo en el hospital, no se invitó a la madre naturaleza a estar también.” David Chamberlain, pionero en la creación de la psicología pre y perinatal.

El parto es un proceso dirigido por protocolos que pocas veces obedecen a razones reales y que pocas veces ayudan, más bien complican las cosas.

La elevada intervención en el proceso del parto aumenta las estadísticas de partos largos, dolorosos, con empleo de fórceps, ventosas, cortes, etc… a las que siguen las estadísticas de depresiones postparto y de dificultades en el apego o para disfrutar de una lactancia plena y placentera para la madre y el bebé.

La madre… y el bebé… De todas las decisiones tomadas en un parto, ¿cuántas de ellas se hacen pensando en el bebé? Salvo que exista un peligro para su vida… muy pocas. 

Normalmente, en la preparación para el parto, nos enseñan a pensar “en nosotras”, en cómo viviremos la experiencia, en lo que nos conviene, en lo que puede facilitarnos este trance…

La preparación es para el “parto” y ¿también para el “nacimiento”? ¿Acaso no significan ambos términos lo mismo, o son dos cosas diferentes? En realidad hacen referencia a dos experiencias muy distintas, de dos personas que también lo son, aunque hayan vivido y necesiten seguir viviendo en simbiosis, dependiendo la una de la otra.

Pero en este tándem de dos, hay una parte que es mucho más dependiente de la otra, mucho más vulnerable, que siente más el dolor… una parte a la que no se la ve, no se la oye, que casi obviamos a la hora de decidir si queremos un tipo de parto u otro. Y sin embargo, es lo que más nos importa: el bebé.

Para la madre el parto es una experiencia única, pero puede vivir más partos y más o menos sabe a qué se va a enfrentar cuando llega el momento. Es una persona adulta que puede comprender muchas de las cosas por las que pasa durante esta experiencia, puede elaborar mecanismos que la ayuden a superar lo más duro… Puede recordar o elegir qué olvidar…

Pero el bebé no sabe lo que se encontrará al nacer. Todo lo que conoce, todo su mundo, desaparecerá de repente, todo cambiará y será nuevo para él. No recordará la experiencia del nacimiento. Y precisamente por este motivo, no podrá protegerse de algo de lo cual no es consciente, no podrá buscar explicaciones ni elegir recordar u olvidar. La ciencia nos dice que existe una memoria celular y sabemos que en el cerebro quedan registradas las sensaciones de todo lo vivido, aunque no podamos ponerle palabras ni imágenes para recordarlo.

Esto hace que las experiencias vividas anteriormente a los 3 o 4 años, edad en la que están algo desarrolladas las áreas de la memoria, sean mucho más determinantes que todas las posteriores en la vida.

Hoy también sabemos que el bebé siente mucho, más que nosotros, que no puede inhibir sensaciones o el dolor y que sufre un bombardeo de estímulos que hacen que todo lo viva más intensamente. El nacimiento es una experiencia muy intensa, probablemente la más intensa de todas.

La “plasticidad cerebral” supone que el niño, cuanto más pequeño es, más conexiones y circuitos neuronales es capaz de crear con todas las experiencias que vive. El nacimiento será la experiencia más impactante, un cambio drástico, una ruptura de todo lo conocido hacia un mundo completamente nuevo en el que su único “salvavidas”, lo único que conoce, que le da seguridad y le garantiza su supervivencia, es el cuerpo de su madre.

La neurociencia nos explica cómo el cerebro del niño crea nuevas estructuras para adaptarse al medio, para poder defenderse en el mismo y aprender y desarrollarse.

Así ocurre que al nacer, el cerebro sufre un “boom” de conexiones y creación de estructuras que preparan al bebé para aquello que se encuentra fuera de su madre. Si el bebé encuentra el cálido cuerpo de mamá, “su hogar”, que le brinda seguridad, alimento y confort, su cerebro creará estructuras que le permitirán crecer y desarrollarse plenamente.

Si lo que se encuentra es un nacimiento inesperado para el cual no estaba preparado, el dolor, la soledad, el abandono (alejado del cuerpo de su madre), pruebas y procedimientos médicos sin el contacto, la voz y el olor de su madre o su padre, entonces su cerebro se conectará al modo “supervivencia” y se adaptará al medio hostil que le hará estar en estado de alerta y no le permitirá crecer y desarrollarse, ni aprender como sería de desear.

Esta programación cerebral que se crea en el nacimiento, nos acompañará de alguna forma a lo largo de nuestra vida, junto a todas las demás programaciones que vayamos creando en los primeros momentos de nuestra existencia. Es por esto que dicen que nuestro nacimiento determina nuestro carácter, y según nos demuestra la ciencia, en parte así es.

La buena noticia para quienes hayan tenido niños con un nacimiento complicado, es que existen medios para compensarlo de alguna forma y apoyar el desarrollo para que acabe siendo lo más pleno posible.

El nacimiento es una etapa extremadamente importante dentro de todas las etapas del desarrollo. El desarrollo es como una cadena con diferentes eslabones, todos ellos imprescindibles para que la cadena se mantenga fuerte, todos ellos insustituibles, sucediéndose uno tras el otro. No podemos olvidarnos de un eslabón, y precisamente de uno tan importante como el nacimiento, y pretender que la cadena siga siendo fuerte a la larga.

No es fácil planificar un parto/nacimiento y pretender que salga tal como lo habíamos deseado. Pero con mayor conciencia sobre la importancia de este sagrado momento, con más consideración y con más respeto por el niño, podemos tomar decisiones que le sean beneficiosas en ese momento y posteriormente toda la vida.

Las madres y los profesionales que atienden el parto podemos tomar decisiones previas o durante el mismo, el bebé no.

Desde la Plataforma Pro Los Derechos del Nacimiento se pretende concienciar a toda la sociedad de la importancia que tiene el nacimiento para el niño. Para que podamos, con la información en la mano, tomar decisiones que no solamente nos conciernen a nosotros, sino también a nuestro hijo por nacer.

El lema de esta “Semana Mundial por un Parto y un Nacimiento Respetados” es “Mi cuerpo, mi decisión, mi bebé”.

Pienso que deberíamos invertir los términos del lema, para ser más justos con quien más lo necesita.


Rosina Uriarte

viernes, 8 de julio de 2016

LAS BACTERIAS INTESTINALES MANIPULAN A NUESTRO CEREBRO

Publicado por "Investigación y Desarrollo"

Hallan la primera prueba de que las bacterias intestinales manipulan a nuestro cerebro


Los científicos han descubierto en el sistema digestivo humano unas bacterias que dependen, para poder sobrevivir, de uno de los productos químicos segregados por nuestro cerebro, informa la revista New Scientist.
Estas bacterias consumen GABA, una molécula crucial para calmar el cerebro, y el hecho de que se alimenten de ella podría ayudar a explicar por qué el microbioma intestinal parece afectar el estado de ánimo, sugieren Philip Strandwitz y sus colegas de la Universidad Northeastern, Boston.
Este tipo de bacterias intestinales recién descubierto, conocido como KLE1738, solo crece y se reproduce si alimenta a sus moléculas con GABA, el ácido γ-aminobutírico que es el principal neurotransmisor inhibidor en el sistema nervioso central de los mamíferos y que desempeña el papel principal en la reducción de la excitabilidad neuronal del sistema nervioso de los seres humanos y de otros mamíferos. En humanos, GABA es directamente responsable de la regulación del tono muscular.
En otras palabras, GABA inhibe las señales de las células nerviosas, lo que elimina la excitación y tiene un efecto calmante. Los bajos niveles de GABA en el cuerpo se asocian con trastornos de depresión y del estado de ánimo.
Por lo tanto, esta es la primera prueba de que la flora intestinal puede afectar el cerebro y el estado de ánimo de la persona.
Ahora el equipo de Strandwitz trabaja para detectar otros microbios intestinales también consumidores (o quizá productores) de GABA para utilizar estos conocimientos en el desarrollo de nuevos antidepresivos.

EL SEGUNDO CEREBRO, EL INTESTINO

Publicado por "Autoconocimiento integral"

El segundo cerebro también condiciona nuestra salud. Alojado en los intestinos, podría estar relacionado con enfermedades como el autismo o la osteoporosis. El sistema nervioso entérico o “segundo cerebro” se encuentra situado en nuestros intestinos, y está compuesto por 100 millones de neuronas. La revista Scientific American analiza el curioso funcionamiento de esta red neuronal y se analizan los resultados de las últimas investigaciones que señalan que el segundo cerebro estaría relacionado con diversas enfermedades, como el autismo o la osteoporosis.
Las sensaciones de “nervios en el estómago” o de sentir en las vísceras punzadas de angustia o de cualquier otra emoción son consecuencia de la existencia de lo que los especialistas llaman un “segundo cerebro” en nuestro organismo.
Este segundo cerebro consiste en una red de neuronas, a menudo pasada por alto, que recubre nuestras vísceras. La profundización en el conocimiento de esta masa de tejido neuronal formada por importantes neurotransmisores está revelando que este segundo cerebro hace mucho más que controlar la digestión de alimentos.
Un artículo reciente publicado por la revista Scientific American analiza los conocimientos más recientes sobre esta red neuronal y explica las características del técnicamente conocido como “sistema nervioso entérico”.
Sentir, pero no pensar
El estudio del segundo cerebro ha dado lugar, en las últimas dos décadas, a una rama de investigación conocida como neurogastroenterología. La importancia de conocer a fondo el sistema nervioso entérico radicaría en que éste se encarga de que las funciones digestivas mantengan un funcionamiento coordinado e integrado.
Pero no sólo eso, afirman los expertos. Situado en el interior de las entrañas, el segundo cerebro está conectado con el cerebro situado en el interior del cráneo y, al menos en parte, determina nuestro estado mental y juega un papel clave en ciertas enfermedades del organismo.
Fuera de su alcance quedan, a pesar de la gran repercusión que esta red neuronal tiene para el cuerpo, la generación de pensamiento consciente y la capacidad de decisión, afirman los investigadores.
Según declara el experto en la materia Michael Gershon, del Columbia University Medical Center: “el segundo cerebro no ayuda en los procesos mentales: la religión, la filosofía y la poesía están en manos del otro cerebro”. Gershon está especializado en el estudio de esta red de neuronas, y es autor de un libro titulado “The Second Brain”.
En qué consiste
El sistema nervioso entérico está compuesto por conjuntos de neuronas incrustadas en las paredes del largo tubo del intestino, o canal alimenticio, cuya extensión es de alrededor de nueve metros, desde el esófago al ano.
Este segundo cerebro contiene alrededor de 100 millones de neuronas, que es más de las que hay en la médula espinal o en el sistema nervioso periférico, explica Gershon.
Esta enorme cantidad de neuronas del sistema nervioso entérico es la que permite que la digestión se haga de forma apropiada, sin que el cerebro principal tenga que intervenir en sus procesos: la rotura de los alimentos, la absorción de los nutrientes y la expulsión de los desechos requieren de procesos químicos, contracciones musculares, etc. de los que se encarga el segundo cerebro, de forma independiente.
Pero la complejidad del sistema nervioso entérico no termina ahí, porque este segundo cerebro también influye en una gran parte de nuestras emociones: la sensación de tener “mariposas en el estómago”, por ejemplo, es en realidad una señal fisiológica que responde a un estado de nervios o de estrés, y que percibimos gracias los nervios presentes en nuestro intestino.
Intestino y salud
La complejidad del segundo cerebro hace que, según Gershon, de él dependa en parte nuestro bienestar físico y emocional cotidiano.
Dada la concordancia entre ambos cerebros, los científicos afirman que, por ejemplo, ciertos tratamientos contra la depresión que tengan como objetivo la mente, pueden impactar sin pretenderlo en el intestino.
Es el caso de ciertos medicamentos antidepresivos, los denominados inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS), que aumentan los niveles de serotonina en el organismo, y que pueden provocar efectos gastrointestinales secundarios, como el síndrome del intestino irritable.
Esto es debido a que la serotonina, una hormona que es sintetizada por el sistema nervioso central y que actúa como neurotransmisor, se encuentra en su mayor parte (en un 95%) en el tracto intestinal del organismo.
Los científicos están descubriendo que la serotonina podría, además, jugar un papel en la aparición de otras enfermedades. Recientemente, en la revista Nature apareció un artículo que relacionaba un medicamento inhibidor de la producción de serotonina en el intestino con la osteoporosis (enfermedad ósea degenerativa) en roedoras postmenopáusicas.
Asimismo, la serotonina del “segundo cerebro” podría jugar un papel en el autismo. En sus investigaciones, Gershon ha descubierto que los mismos genes implicados en la formación de la sinapsis (conexiones entre neuronas) del cerebro están también implicados en la formación de sinapsis del sistema nervioso entérico. Según él, si estos genes se ven afectados por el autismo, esto podría explicar por qué muchos niños autistas padecen anomalías gastrointestinales.
Otras investigaciones actuales tratan de establecer cómo el segundo cerebro interviene en la respuesta inmune del organismo, dado que el 70% de nuestro sistema inmunológico se centra en el intestino para expulsar y matar a sus invasores.

jueves, 23 de junio de 2016

EEUU recomienda terapia antes que medicamentos para los niños hiperactivos

Publicado por  "elmundo.es"

Un niño con hiperactividad cruza la calle de mano de sus padres.

Las autoridades sanitarias de Estados Unidos han instado a médicos y padres de familia a optar por terapia antes que medicamentos para tratar a los menores con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (ADHD).
"Se ha demostrado que (la terapia) es tan efectiva como el medicamento, pero sin el riesgo de los efectos secundarios", declaró en conferencia de prensa Anne Schuchat, la subdirectora de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC).
Pese a los beneficios de tratar la condición con terapia, el reporte indica que cerca del 75 % de los niños menores de 6 años toman medicamento para controlarla.
"Aún estamos aprendiendo acerca de los potenciales efectos a largo plazo de los medicamentos de ADHD en niños pequeños. Hasta que no sepamos más, la recomendación es que se refiera primero a terapia de comportamiento a los padres de niños menores de seis años antes de prescribir medicamentos", señaló la funcionaria.
ADHD es considerado un desorden biológico que causa hiperactividad y problemas de atención, que afecta a cerca de 6 millones de niños en Estados Unidos.
Los menores hispanos, entre 5 y 17 años, han sido uno de los grupos que ha experimentado un mayor aumento, con el 83 % entre 2003 y 2011, en comparación con el 43 % experimentado por el resto de los menores en general, de acuerdo con una investigación de la Universidad George Washington.
Asimismo, un informe publicado en el Journal of Pediatrics en junio pasado señaló que los menores hispanos y afroamericanos con ADHD son menos propensos a recibir medicamentos para tratar la condición.
El 70% de los niños hispanos recibieron medicamentos para tratar ADHD entre 2009 y 2010, en comparación con el 78% entre los blancos y el 67 % entre los afroamericanos.
De acuerdo con los CDC, los menores con ADHD muestran un patrón "constante" de falta de atención o hiperactividad impulsiva que interfiere con su desempeño y desarrollo.
Entre los síntomas de falta de atención más comunes está la falta de atención a detalles, tener problemas para concentrarse en las tareas o en los juegos, dificultad para organizar las tareas y actividades y evitar hacer cosas que requieren mucho esfuerzo mental por un periodo largo.
En el caso de la hiperactividad, estos menores tienden a estar en constante movimiento, aún cuando están sentados, dificultad para permanecer en un solo sitio por periodos largos, a menudo habla demasiado o responde antes de escuchar toda la pregunta e interrumpe a la persona que le está hablando.

PROBLEMAS CON LA LACTANCIA. MAS ALLA DEL FRENILL

No todos son frenillos sublinguales en los neonatos con dificultades en la lactancia. A veces su lengua puede verse arrastrada hacia la garganta por alguna tensión muscular procedente de otro lugar de su cuerpo, como la espalda y mas concreto sus omóplatos. ¿¿¿¿?????
Este tipo de tensiones son las que buscamos los osteópatas pediátricos. Por eso cuando venís con vuestros bebes podéis ver como palpamos su cuerpecito suavemente, como acariciándoles en diferentes puntos, cabeza, espalda, abdomen, etc.
Como os decía no todos son frenillos. Una tracción excesiva de la cabeza del bebe durante el parto no solo puede provocar tortícolis, también irritaciones viscerales y diferentes contracturas en músculos como el omohioideo. Este musculo se excita desde las raíces nerviosas de las tres primeras cervicales y puede contraerse haciendo descender el hioides(donde se inserta) ya que su origen esta en la parte interna del omóplatlo.
Este descenso del hueso hioides arrastraría consigo a los músculos suprahioideos y por ende a la base de la lengua haciéndola menos móvil. Recordaros, que a parte del agarre del pezón, lo que hace bombear la leche materna, son los movimientos linguales.
Los osteópatas pediátricos no solo trabajamos con lo evidente, a menudo lo hacemos con aquello que “no se ve”
Un saludo.

REFLEXOLOGÍA PARA ALIVIAR EL DOLOR

Publicado en "ecoosfera"

Estudio científico comprueba la efectividad de la reflexología para aliviar el dolor
Un grupo de investigadores de la Universidad de Portsmouth realizó un estudio sobre el efecto analgésico de la reflexología.
Estudio científico comprueba la efectividad de la reflexología para aliviar el dolor
Investigadores de la Universidad de Portsmouth descubrieron que la gente siente 40% menos dolor y muestra 45% más resistencia cuando utilizan la reflexología como método para aliviar dolor.
La reflexología es un tratamiento complementario a la medicina que consiste en aplicar presión en diferentes puntos del cuerpo, especialmente manos y pies.
La Dra. Carol Samuel, reflexóloga que estudia las técnicas de medicina alternativa como parte de su PhD, dice que es la primera vez que se prueba científicamente este tipo de terapia para el dolor.
Pacientes voluntarios fueron a dos sesiones en donde se les pidió sumergir su mano en agua con hielo. En una de las sesiones se sometieron a un tratamiento de reflexología antes de sumergir la mano y, en otra sesión, se les dijo a los pacientes que el alivio  del dolor era proporcionado por una máquina Tens, pero éstos no sabían que la máquina no estaba conectada.
Cuando un nuevo medicamento es probado, el procedimiento es muy parecido al estudio de la Universidad de Portsmouth; en una sesión se prueba el medicamento y en otra se da un placebo para asegurase de que los resultados en los pacientes no se deben a la mera sugestión.
Los investigadores encontraron que cuando los participantes recibieron reflexología aguantaron por más tiempo mantener su mano bajo el agua.
Dr. Ebenezer coautor del estudio, dijo: “Nos sentimos satisfechos con los resultados puesto que esperamos que el estudio sea la base para futuras investigaciones de reflexología”.
En la medicina alópata difícilmente se aceptan técnicas alternativas, de ahí la importancia de estudios como el de la Universidad Portsmouth que abren camino a tratamientos complementarios.

miércoles, 22 de junio de 2016

EL PAPEL DE LA MICROBIOTA INTESTINAL EN LA SALUD HUMANA

PUBLICADO POR "EUFIC"

ALIMENTACIÓN HOY EN DÍA
Desde hace mucho tiempo, se sabe que los microorganismos del intestino humano desempeñan un papel importante en la salud digestiva. Sin embargo, investigaciones más recientes indican que la microbiota intestinal puede estar relacionada con aspectos más generales de la salud incluida la obesidad y la salud metabólica.
Microorganismos en el cuerpo humano 
Los microorganismos habitan en diversas partes del cuerpo humano, incluida la piel, la nariz, la boca y los intestinos. Concretamente, el intestino humano alberga una enorme cantidad de microorganismos, aproximadamente 100 trillones de microorganismos, se estima que sobrepasando las células humanas en unas 10 veces. Los microorganismos presentes en el intestino son principalmente bacterias y pertenecen a más de 1.000 especies, el 90% de las cuales corresponden a las Firmicutes y lasBacteroidetes.2,3 Cada individuo tiene una composición de microbiota intestinal distinta y muy variable, aunque todas las personas comparten una serie de microorganismos comunes básicos.2,4 La composición de microorganismos intestinales se denomina “microbiota” intestinal, mientras que la totalidad de los genes de la microbiota se conoce como “microbioma”. Los genes del microbioma intestinal superan a los genes del cuerpo humano en aproximadamente unas 150 veces.1

¿Qué influye en la microbiota intestinal?
La microbiota humana se crea en la primera etapa de la vida: el feto en el útero es estéril y la exposición a los microorganismos empieza en el momento del nacimiento, es decir, al pasar a través del canal del parto y/o exponerse a los microbios presentes en el entorno. Los bebés que nacen por cesárea tienen una microbiota intestinal diferente. Esto se ha considerado como menos favorable y se cree que está asociado con un mayor riesgo de contraer enfermedades y de padecer sobrepeso y obesidad en el futuro, en comparación con los bebés que han tenido un parto vaginal.5 Pese a que la microbiota se instaura en la primera etapa de la vida, puede variar posteriormente según cambios de edad, dieta, ubicación geográfica, ingesta de complementos alimenticios y fármacos, además de otras influencias ambientales.6 El exceso de grasa corporal y las enfermedades también se asocian con una microbiota intestinal alterada.

Se sabe que la alimentación en un momento precoz de la vida, incluyendo el periodo de lactancia o alimentación con preparados para bebés, modula la composición de la microbiota intestinal en los humanos; asimismo, se cree que unos hábitos alimenticios prolongados repercuten de manera importante y explican algunas de las diferencias geográficas.2 Esto es así porque determinados componentes de la dieta, como, por ejemplo, la fibra, se descomponen mediante fermentación bacteriana y se utilizan como combustible. Comer niveles cada vez más elevados de determinados componentes alimenticios puede potenciar el número de bacterias que utilizan esos componentes específicos como combustible, lo que significa que los cambios en la composición de los alimentos pueden llegar a modificar la composición de la microbiota intestinal. La composición de macronutrientes (es decir, la proporción de proteínas, hidratos de carbono y grasas) de los alimentos parece influir, y es posible que cualquier alteración en los hábitos alimenticios conlleve variaciones en la microbiota intestinal.2Todavía se están realizando investigaciones que abordan como la dieta interactúa con la microbiota.
La microbiota intestinal y la salud
Gran parte de la investigación sobre la microbiota intestinal se centra en los microorganismos intestinales, ya que se cree que influyen en la salud de diversas maneras. Existen datos que demuestran que personas con determinadas enfermedades (por ejemplo, enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad del intestino irritable, alergia) tienen una microbiota diferente de la de las personas sanas, aunque en la mayoría de casos es imposible precisar si la microbiota alterada es una causa o una consecuencia de la enfermedad. Los patrones de la microbiota intestinal que están asociados con la salud son, no obstante, más difíciles de definir.6 La composición de la microbiota intestinal es muy variable incluso entre sujetos saludables. Los investigadores han descubierto que, incluso aunque la composición varíe entre personas, distintas composiciones pueden tener funciones similares (por ejemplo, cómo descomponen los microorganismos ciertos compuestos de los alimentos o cómo afectan al sistema inmunitario del cuerpo). En consecuencia, se ha señalado que es más importante para la salud la función de la microbiota intestinal, en vez de la composición.6

Los microorganismos presentes en el intestino desempeñan un papel fundamental en la salud digestiva, pero también influyen en el sistema inmunitario. Los tejidos inmunitarios del tracto gastrointestinal constituyen la parte más grande y más compleja del sistema inmunitario humano. La mucosa intestinal es una gran superficie que recubre el intestino y que está expuesta a antígenos patógenos (causantes de enfermedades) y antígenos ambientales no patógenos (sustancias que provocan que el sistema inmunitario produzca anticuerpos). En la luz intestinal, los microorganismos desempeñan un papel vital en el desarrollo de un sistema inmunitario robusto y equilibrado.3 Las alteraciones de la microbiota intestinal de una persona, algo que puede ocurrir, por ejemplo, al ingerir determinados antibióticos, pueden aumentar el riesgo de infecciones con la aparición de patógenos oportunistas como la especie bacteriana Clostridium difficile.6

En los últimos años, diversos estudios de investigación han relacionado la microbiota intestinal con el peso corporal. Si bien gran parte de la investigación todavía se encuentra en fases incipientes, diversos estudios han revelado que las personas obesas tienden a tener una composición de bacterias intestinales en cierto modo diferente.7,8,4 Actualmente se desconoce aún si la composición de la microbiota alterada es una causa o una consecuencia de la obesidad. Asimismo, los estudios reflejan que la composición de la microbiota intestinal varía con la pérdida y/o el aumento de peso; sin embargo, todavía se está debatiendo la importancia de estos cambios en la salud humana.8 Algunos investigadores han sugerido que la microbiota de las personas obesas puede contribuir a que el cuerpo aumente la cantidad de energía que se “cosecha” de los alimentos, señalando que es posible que determinadas estructuras de microbiota intestinal puedan incrementar la posibilidad de convertirse en obeso.2,4 No obstante, esta teoría sigue siendo objeto de debate y se necesitan más estudios para investigar si esta hipótesis es cierta. Hasta ahora, muchas de las pruebas sobre la asociación entre la flora intestinal y el riesgo de sufrir obesidad proceden de estudios con animales. De ellos se deduce que una microbiota “obesa” (es decir, ciertas composiciones de la microbiota encontradas en personas obesas) puede causar mayor obesidad y cambios metabólicos desfavorables en ratones estériles delgados.2,4 Si bien es cierto que los modelos animales arrojan datos interesantes, no se pueden extraer conclusiones directas sobre estas asociaciones en humanos. Este ámbito de investigación es relativamente nuevo y se precisan más y nuevos estudios, especialmente en humanos, para entender cómo y hasta qué punto la composición de los microorganismos en el intestino influye en diversas funciones metabólicas del cuerpo.
Probióticos y prebióticos
Los probióticos se definen como microorganismos vivos, los cuales, cuando se administran en cantidades adecuadas, pueden aportar un beneficio a la salud. Se han estudiado numerosos tipos de probióticos. Existen datos que demuestran que determinados probióticos son efectivos mejorando los síntomas del síndrome del intestino irritable, la colitis ulcerosa (una forma de enfermedad inflamatoria intestinal) y enfermedades infecciosas, así como reduciendo el riesgo de desarrollar eczemas y otras condiciones alérgicas.9,10

También las personas sanas pueden beneficiarse de la ingesta de probióticos. Se ha observado que los probióticos pueden reducir el riesgo de contraer enfermedades infecciosas, incluidas las infecciones del tracto respiratorio superior, en poblaciones sanas.9 Generalmente, todo efecto de un probiótico es específico a la cepa de bacteria probiótica utilizada. Esto significa que si se detecta un efecto de una cepa probiótica, no se pueden extraer conclusiones sobre los posibles efectos de otras cepas probióticas.10Aunque existen numerosos datos que respaldan el efecto positivo de cepas probióticas específicas en determinadas condiciones —como las infecciones por Clostridium difficile y la colitis ulcerosa— para otros problemas sanitarios, las pruebas todavía no son concluyentes y se deberán realizar más estudios para confirmar las ventajas de los probióticos, especialmente en poblaciones sanas. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, que ofrece asesoramiento científico a la Comisión Europea, ha rechazado hasta ahora todos los alegatos sanitarios a favor del uso de productos alimenticios que indican que las personas sanas pueden beneficiarse de la ingesta de probióticos. Actualmente se sigue investigando, utilizando tecnologías más novedosas y biomarcadores específicos que pueden ayudar a entender si las personas pueden beneficiarse del uso de probióticos y de qué manera.

Pese a que no queda claro cómo actúan exactamente los probióticos en la salud, se ha insinuado que estos pueden afectar la función, más que la composición, de la microbiota.6,9 De ser este el caso, el consumo de probióticos podría tener un efecto sobre la salud incluso cuando no se producen cambios en la composición de la microbiota intestinal.6

Prebióticos
Los prebióticos son componentes alimenticios no digeribles que las bacterias intestinales utilizan selectivamente para la fermentación. Esto significa que se puede apuntar específicamente a bacterias asociadas con resultados sanitarios beneficiosos. Existen pruebas firmes que demuestran que los prebióticos pueden inducir cambios en la microbiota intestinal, pero todavía no está claro exactamente de qué forma el uso de prebióticos altera la composición y la función de la microbiota intestinal, el grado de estabilidad que tienen estos cambios, y qué efecto pueden tener los cambios en la microbiota para la salud humana. Este último punto se deberá seguir investigando.6
Efectos de los antibióticos sobre la microbiota intestinal
La administración de antibióticos puede causar trastornos en la microbiota intestinal. Esto se debe a su efecto diferencial sobre distintos tipos de bacterias intestinales; existen bacterias específicas que son especialmente susceptibles, o resistentes, al antibiótico en cuestión. Esto puede desencadenar una diarrea asociada al antibiótico, y, en el entorno hospitalario, puede aumentar el riesgo de contraer una forma más severa de diarrea causada por el patógeno Clostridium difficile. Generalmente, el efecto de los antibióticos es a corto plazo, pero también se han documentado trastornos de la microbiota intestinal durante periodos prolongados.6 Hay datos que demuestran que la ingesta de probióticos durante el tratamiento con antibióticos puede reducir el riesgo de desarrollar diarrea asociada al antibiótico.11
Taking antibiotics can lead to disturbances of the gut microbiota. This is because of their differential effect on different types of bacteria in the gut; specific bacteria are particularly susceptible, or resistant, to the antibiotic in question.6 This can lead to antibiotic-associated diarrhoea, and in the hospital setting can increase the risk of a more severe form of diarrhoea caused by the pathogen Clostridium difficile. The impact of antibiotics is usually short-term, but disturbances of the gut microbiota for extended periods of times have been documented as well.6 There is evidence that taking probiotics during antibiotic treatment can reduce the risk of developing antibiotic-associated diarrhoea.11
Conclusión
Los microorganismos presentes en el intestino humano son, sin duda, cruciales para la salud humana. Todavía queda por saber exactamente cómo, hasta qué punto, y qué áreas de la salud humana se ven influidas por nuestros “huéspedes”; de igual modo, queda por esclarecer los datos sobre cómo se podría manipular la composición y/o función de la microbiota para lograr beneficios concretos para la salud.

Referencias
  1. Wu GD & Lewis JD (2013). Analysis of the human gut microbiome and association with disease. Clinical Gastroenterology Hepatology 11(7):774-777.
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